lunes, 25 de noviembre de 2013

Crónica de la visita diplomática a Mermeladas Bubub

Siempre me ha llamado la atención la expresión en su punto como respuesta a la pregunta ¿cómo quiere usted la carne? Porque pocas respuestas habrá más ambiguas que ésta. Pues no, a mí no me gusta la carne en su punto; a mí me gusta la carne en mi punto, es decir, como a mi me gusta. Y con las mermeladas me pasa lo mismo.

En la Embajada hacemos nuestras propias mermeladas artesanales (naranja amarga, fresa, ciruela Claudia, melón con ron...). Las hacemos para consumo propio y, como no puede ser de otra forma, las hacemos a nuestro gusto. Partiendo de que la elaboración de mermelada es un método de conservación de la fruta, buscamos que el producto final sea lo más parecido al original. El resultado son unas mermeladas con menos azúcar de lo habitual, menos dulces, con bastante más fruta y con la fruta bastante más entera.

Y ese es el handicap al que se enfrentan todas las mermeladas comerciales; mermeladas que no están hechas a nuestro gusto, sino al gusto de quien las elabora (y en algunos casos ni eso).

¿Qué pasa con las mermeladas y jaleas Bubub? Pues, sencillamente, que Curro Fatás y Susana Azanza las hacen con muy buen gusto. Son mermeladas artesanales de principio a fín; desde la limpieza y pelado de la fruta hasta el cierre y etiquetado de los botes. Mermeladas en las que la fruta tiene la presencia y el protagonismo que tiene que tener (no son mermeladas baratas, por lo tanto). Y, sin embargo, no son unas mermeladas salvajes, asilvestradas, fruta en estado puro como las de la Embajada. Son mermeladas finas, delicadas, hechas con mucho amor, con recetas únicas y originales que, casi siempre, incluyen un toque de licor e incluso de especias.

Y a esos ingredientes naturales sólo les añaden azúcar, que actúa como conservante, y alga agar, que funciona como gelificante, reduciendo así los tiempos de cocción y manteniendo en mayor medida los vivos colores y otras propiedades naturales de la fruta

El producto final se presenta en frascos de diseño con unas etiquetas y estuches que recuerdan más a cosméticos y cremas de cuidado facial que a simples confituras. Y es que sus autores lo tienen claro; las mermeladas Bubub son regalos que se comen, a veces incluso a cucharadas, como si fuesen yogures.

Ya lo véis, las mermeladas de Susana y Curro nos cautivaron, hasta el punto de que en esta Embajada hemos decidido nombrarles Agregados Gastronómicos en la Sierra del Moncayo. Y ¿qué decir de la visita? Nos tuvieron todo el rato con la boca abierta, flipando como niños ante un cuenta-cuentos.

Ahora a ver si se atreven con el reto del Embajador y son capaces de elaborar una jalea en honor al Conde Negroni.

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1 comentarios:

Splendido post, ti faccio i miei complimenti, un saluto affettuoso
M.G.

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